Qué hacer cuando muere tu perro
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Nadie te prepara para las horas que vienen después.
De repente tienes que tomar decisiones que nunca habías pensado que tendrías que tomar, justo en el peor momento para pensar con claridad, mientras el veterinario te pregunta qué quieres hacer.
Esto es lo que necesitas saber y en qué orden. Sin prisa: casi nada corre tanto como parece.
Y aunque aquí hablemos de perros, todo lo que sigue sirve exactamente igual si quien ha muerto es tu gato.
Las primeras horas
Si ha muerto en la clínica, puedes quedarte con él.
No hay un tiempo estipulado y nadie va a echarte. Si necesitas veinte minutos a solas en la sala, pídelos. Es una petición normal y están acostumbrados.
Si ha muerto en casa, tampoco tienes que correr. Si ha sido de noche, puedes llamar a tu veterinario al día siguiente. Déjalo en su sitio habitual, sobre una manta y, si es posible, en la habitación más fresca de la casa.
Y si hay algo que quieras conservar de él, este es el momento.
Un mechón de pelo. Su collar. Su huella.
Después, algunas cosas ya no se pueden recuperar.
Qué pasa con su cuerpo
Normalmente tendrás que elegir entre dos opciones de incineración, que gestionará la clínica o una empresa especializada:
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Incineración colectiva. Se realiza junto a otros animales y no se devuelven las cenizas. Es la opción más económica.
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Incineración individual. Se realiza de forma individual y las cenizas se entregan posteriormente, normalmente en una urna. Es más cara.
Algunos crematorios permiten que estés presente durante el proceso. A algunas personas les ayuda. A otras no. No hay una forma correcta de despedirse.
¿Y enterrarlo?
Antes de hacerlo en casa, en un terreno o en el campo, consulta la normativa de tu municipio. El enterramiento de animales está regulado y no siempre está permitido.
No es precisamente el tipo de trámite en el que quieres pensar en ese momento, pero comprobarlo antes puede evitarte un problema después.
El microchip: no te olvides de él
Es una de esas cosas que se olvidan fácilmente cuando estás pensando en todo lo demás.
La muerte de tu animal debe comunicarse al registro de identificación correspondiente dentro del plazo establecido. Si no se actualiza, puede seguir constando como vivo y tú como su responsable.
En muchos casos no tienes que hacerlo personalmente: puede tramitarlo el veterinario o el crematorio con el certificado de defunción o de incineración.
Pregúntalo antes de irte.
Si tienes que hacerlo tú, necesitarás normalmente tu DNI, el número de microchip y el certificado correspondiente. Los registros dependen de cada comunidad autónoma.
En Cataluña existen ANICOM, el registro de la Generalitat, y AIAC, gestionado por el Consell de Col·legis Veterinaris. Tu animal puede figurar en uno, en el otro o en ambos, así que conviene comprobarlo.
También es un buen momento para revisar, si lo tenía, su seguro y el censo municipal.
Los otros animales de la casa
Sí, se dan cuenta.
Buscan. Esperan junto a la puerta. Olfatean sus sitios. Algunos comen menos durante unos días.
Muchos veterinarios recomiendan permitir que los otros animales de la casa vean y huelan el cuerpo antes de que se lo lleven.
No es morboso. Puede ayudarles a entender que ese animal ya no va a volver, en lugar de quedarse esperando y buscándolo.
Si puedes hacerlo y te sientes capaz, déjales despedirse.
Después, mantén sus horarios habituales. Sus paseos. Sus comidas. Sus pequeñas rutinas.
La rutina es una de las pocas cosas que puede sostenerlos cuando todo lo demás ha cambiado.
Y probablemente también te ayude a ti.
Los niños
Los niños también necesitan espacio para entender lo que ha pasado, pero no hay una única forma correcta de explicárselo.
Puedes hablar con naturalidad de que su perro o su gato ha muerto, adaptando la explicación a su edad y a lo que pueda entender en ese momento. No hace falta darles todos los detalles ni encontrar las palabras perfectas.
Si quiere hacer preguntas, respóndele con sinceridad y de una forma sencilla. Si no quiere hablar, tampoco tienes que obligarle.
Puedes preguntarle si quiere despedirse, guardar algún recuerdo o simplemente estar contigo.
Y si te ve llorar, no pasa nada. Tú también estás pasando por una pérdida y no tienes que esconder lo que sientes para protegerle.
Lo importante es que sepa que puede hablar de él, echarle de menos y seguir queriéndolo, aunque ya no esté.
Sus cosas
No hay ninguna prisa.
Ninguna.
Hay quien necesita recoger el comedero y guardar la cama esa misma noche porque no soporta verla.
Y hay quien deja todo exactamente donde estaba durante meses.
Las dos cosas están bien.
Recoger sus cosas pronto no significa que le quisieras menos. Dejarlas ahí tampoco significa que no seas capaz de seguir adelante.
Si puedes, haz solo una cosa: separa aquello que sabes que quieres conservar.
Su collar. Su manta. Su juguete favorito. La placa con su nombre.
Guárdalo todo junto en una caja, aunque todavía no sepas qué vas a hacer con ello.
Tomar esa decisión dentro de seis meses será mucho más fácil que tomarla ahora.
El duelo es real, aunque no todo el mundo lo entienda
Probablemente volverás al trabajo antes de sentirte preparado.
Alguien te dirá «bueno, era un perro» sin intención de hacerte daño.
Y quizá te descubras intentando justificar por qué estás tan destrozado.
No tienes que hacerlo.
Has perdido a alguien que formaba parte de tu vida cotidiana. Alguien que te esperaba al llegar a casa, que dormía contigo, que conocía tus horarios y que estuvo a tu lado durante años.
Existe un término para esto: duelo desautorizado. Se utiliza para describir pérdidas que son reales, pero que el entorno no siempre reconoce o considera suficientemente importantes.
Por eso a veces el duelo por un animal puede vivirse con mucha soledad.
Si después de unas semanas sientes que no puedes recuperar tu rutina, no duermes, no puedes trabajar o sientes que no puedes con ello, pedir ayuda profesional puede ser una buena decisión.
Hay psicólogos especializados en duelo por animales. No es exagerado acudir a uno.
Lo que puedes conservar
Con el tiempo, muchas personas agradecen tener algo suyo que puedan tocar.
Tienes cientos de fotografías, pero una fotografía se mira.
Una huella se puede tocar.
Por eso muchas personas conservan su collar, un mechón de pelo o su huella.
La huella es especialmente única: conserva la forma de sus almohadillas, sus pequeños surcos y el tamaño real de su pata. Es una parte de él que existió exactamente así y que no volverá a cambiar.
En muchas clínicas no se toma la huella automáticamente, y no tienen por qué hacerlo.
Si quieres conservarla, pídela tú ese mismo día.
Algunas clínicas tienen material para hacerlo. Otras no. Pero preguntar no cuesta nada.
Y esa oportunidad no vuelve.
Si todavía está contigo
Si estás leyendo esto por adelantado porque tu perro es mayor, está enfermo o simplemente quieres estar preparado, tu situación es diferente.
No tienes que esperar a que llegue ese momento.
Puedes tomar su huella cualquier tarde, mientras todavía está contigo, sin prisas y sin convertirlo en una despedida.
Te explicamos aquí cómo tomar la huella de tu perro paso a paso.
También tenemos un kit para hacerlo en casa, aunque no necesitas utilizar el nuestro. Lo importante es que el sistema utilice tinta protegida para que la pata no entre en contacto directamente con ella.
Si algún día llega el momento, ya tendrás su huella.
Y eso significa que no tendrás que pedirla cuando menos preparado estás para hacerlo.
Si ya no está
Si nadie tomó su huella y él ya ha muerto, no hay forma de recuperarla.
Es la única cosa de toda esta lista que tiene un límite de tiempo.
Por eso la mencionamos aquí, aunque sabemos que puede doler leerlo.
No se pasa. Cambia.
El primer mes suele ser especialmente duro.
Después no desaparece de repente.
Cambia.
El agujero deja poco a poco de ocuparlo todo y se convierte en algo que llevas contigo. Algunos días pesa más. Otros, menos.
Durante años pasarás por delante de su sitio y mirarás.
Quizá abras la puerta esperando encontrarlo.
Quizá sigas comprando durante un tiempo su comida por costumbre.
Quizá haya una canción, un olor o una hora concreta del día que te lo devuelva de golpe.
No hay nada que arreglar ahí.
Echarlo de menos es parte de haberlo querido.
Y quizá eso sea lo más importante que necesitas saber: no tienes que dejar de quererlo para seguir adelante.
Si te preguntas por qué hemos escrito sobre algo tan difícil, aquí te contamos por qué existe PETJA.
PETJA · Barcelona