EL ORIGEN
Por qué existe PETJA
Más de una vez he salido de un veterinario con el collar y la correa de mi mejor amigo en la mano y un vacío enorme en el pecho.
Los llevas hasta el coche contra ti, como si todavía fueran a llevarte a él. Y cuando llegas a casa, los guardas en un cajón porque no sabes dónde ponerlos.
Y ahí se quedan.
Creé PETJA porque no quería que eso fuera todo lo que pudieras llevarte a casa.
Quería que hubiera algo suyo que pudieras mirar cada día.
Algo que fuera suyo de verdad.
No una fotografía. No una ilustración. Su huella. Sus almohadillas. Sus surcos. El tamaño exacto de su pata. Una huella es única. Como lo era él.
Por eso trabajo con clínicas veterinarias. Para que, en ese momento —el peor—, puedas salir de allí con algo más que su collar: su huella, tomada allí mismo, antes de despediros.
Pero no tienes que esperar a necesitarla.
Puedes tomarla mucho antes. Un martes cualquiera por la tarde, en el suelo del salón, con él tumbado a tu lado sin entender muy bien qué estás haciendo.
Si quieres saber cómo, lo he explicado paso a paso en esta guía.
No hay que esperar a perderlo para guardar su huella.
La huella de Curvy, mi bulldog, está enmarcada en mi casa. Paso por delante todos los días. Y sé exactamente lo que se siente al verla.
Hago esto yo sola, en Barcelona. Cada lámina pasa por mis manos, una a una. La reviso antes de guardarla en su caja porque sé dónde va: a casa de alguien que quiere conservar algo que ama.
Y por eso no me permito enviar algo que yo misma no querría tener en la mía.
Eso es PETJA.No hay mucho más.
Solo la idea de que, cuando llegue el día, puedas llevarte algo que siga siendo suyo.
PETJA · Barcelona